Quito, la ciudad al ras del cielo

Esta mañana luminosa, desde mi ventana, contemplo la ciudad de Quito.  Bajo el intenso sol de los Andes la urbe reluce hermosa. Pero es en sus calles donde se vive y se siente el verdadero encanto de la ciudad. Su chispa se aviva con el trajín de las idas y venidas de los transeúntes, de norte a sur y de sur a norte, bajo las faldas del viejo Pichincha; con los juegos malabares en cada cruce de avenidas, y la venta de los más variados artilugios y manjares; con la colorida oferta de comida ambulante, desde las frutas a los motes y a las papitas aderazadas con ají;  con el bullicio de los parques y jardines, de los centros comerciales, de los espacios de trámites burocráticos de filas sin fin; con la familiaridad de las casas de almuerzos, con su jugo y sopa del día o de las humildes tiendas de abarrotes que atienden seños de sonrisa amplia, de manos avejentadas; y con la magia de aquellos lugares antaño señoriales, hoy apropiados por las gentes de aquí y de allá.

Vista panorámica de Quito con la Virgen del Panecillo al Fondo.

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